El Plan de Rocamora

Rocamora, militar ilustrado a las órdenes del Rey de España, por órdenes del Virrey Vértiz llegó a Gualeguay a principios de 1782 y mientras cumplía con la misión asignada se enamoró profundamente de aquella tierra.

Rocamora arregló fácilmente el conflicto sobre la ubicación de la iglesia. Le respondió al Virrey el 10 de febrero de 1872. El lugar que había elegido el Obispo era un sitio tan seco que ni los pozos daban agua. Estuvo de acuerdo con la mayoría de los vecinos que querían edificarla en un sitio alto, protegido de las inundaciones, pero cercano a la costa del río Gualeguay. Rocamora explicaba su elección del lugar "en el Pago del Halbra, que signifiqué a V.S. mediación del partido, se levantan sobre su extensión llana dos porciones de territorios distantes entre sí como dos leguas y del río a dos o cuatro cuadras".

Solucionado el problema, Rocamora debería haber preparado su vuelta a Buenos Aires. En cambio, parece que estuvo escribiendo toda la noche y al día siguiente, 11 de febrero de 1782, le envió al Virrey un "Padrón de Entre Ríos", "Una Sucinta Relación de los Cuatro Partidos" (Nogoyá, Gualeguay Grande, Gualeguaychú y Arroyo de la China) y además un "Plan Económico" para la zona.

Rocamora recomendaba "la reunión bajo un mismo mando de los partidos de Gualeguay, Arroyo de la China y Gualeguaychú y aún más conveniente sería si se le añadiera Paraná, separándolo de su cabecera Santa Fe".

Incluyendo Paraná, en aquel año de 1872 había en Entre Ríos 344 hombres para las armas, ni mayores de 40 ni menores de 16, todos blancos. La población total debe haber sido de un millar de personas europeas más alguna pequeña cantidad indeterminada de nativos sobrevivientes a la conquista. Entre Ríos estaría habitado por menos de dos mil personas en total, en un terreno del tamaño de Portugal.

Rocamora le describía al Virrey el terreno de la zona, sus riquezas potenciales y los abusos de una explotación irracional de los estancieros. Destacaba la laboriosidad de su gente y su habilidad en los trabajos de campo. También resaltaba los abusos de algunas personas que desde Buenos Aires y Santa Fe compraban a precios irrisorios grandes extensiones de campo, dejando en franco abandono jurídico a los verdaderos trabajadores de la tierra que la habitaban. Por último, proponía al Virrey "crearle al Rey una provincia útil".

Rocamora termina diciendo al Virrey: "Asegúrese V.E. que ejecutando como planteo, antes de muchos años será la de Entre Ríos de que trato, lo que dije, la mejor Provincia de esta América". Un ilustrado militar nicaragüense criado en España que vivió cinco años en Buenos Aires y menos de un mes en Entre Ríos, fue capaz de hacer esta afirmación a la máxima autoridad del Río de la Plata.

Seguramente impresionado, el Virrey Vértiz autorizó a Rocamora el 4 de noviembre de 1782 "el establecimiento general de cinco pueblos en los parajes más oportunos de los mismos partidos".

  Fundación de Gualeguay

Tomás de Rocamora fue nombrado primer Comandante de Entre Ríos por el el Virrey Vértiz. Era la máxima autoridad del territorio e inmediatamente se puso manos a la obra. En enero de 1783 se reunió en Gualeguay con el Piloto de la Real Armada, don Pedro de Olmos, que había sido enviado desde Buenos Aires para que lo ayede a hacer el delineamiento de los cinco pueblos que debía fundar.

Las reglas para fundar ciudades estaban rigurosamente establecidas por las Leyes de Indias. Especificaba "que los pueblos se ubiquen en los lugares libres, que se repartan los sitios dejando plazas y calles tiradas a cordel que den a los caminos principales, reservando tierras para futuros crecimientos. Deben tener agua cerca, materiales de edificación, tierra de labor y pasto. Que se elijan lugares que no sean muy altos por los vientos y dificultades del acarreo, ni bajos por enfermizos, ni sujetos a nieblas. Que estando en la ribera de un río, sitúen la población de modo que el sol al salir dé primero en el pueblo y luego en el agua”. Este último párrafo, arbitrario y sin sentido, no se cumplió en Gualeguay.

Convocaron al vecindario para decidir el lugar del emplazamiento de la nueva población y hubo un acuerdo casi unánime que debía localizarse cerca de la ribera del río Gualeguay para facilitar el tráfico fluvial, que era casi el único medio de transporte para comunicarse con el resto del mundo. La zona elegida estaba cubierta por un espeso monte y varios vecinos no estaban muy de acuerdo con el enorme trabajo de talado y limpieza que debían hacer. La firmeza de Rocamora se impuso para vencer la pachorra siestera de los primeros habitantes.

Las tareas comenzaron bajo el ardiente sol del verano, el 20 de Enero de 1783, día de San Sebastán según el calendario cristiano. Ciento cincuenta hacheros y ciento doce yuntas de bueyes comenzaron con el arduo trabajo de desmonte. Se delinearon cuadrados de 90 varas. Se le quitaron 10 varas a cada cuadrado y quedaron calles de 20 varas (18 metros) que rodeaban a manzanas de 80 varas (73 metros) de lado. Ese diseño de Pedro de Olmos se conservó hasta la actualidad (5).

Las Leyes de Indias también indicaban “que en el sitio principal se coloque el templo y se dejen lugares para monasterios. Que la plaza debe ser cuadrada, de tamaño proporcionado a la población, rodeada de calles anchas y en las salientes, angostas. Que los vecinos edifiquen hospital, ayuntamiento, cárcel y demás edificios públicos”. Era mucho pedir a tan pocas personas, con tan pocos recursos y herramientas.

Otras leyes de Indias establecían que Rocamora, al llevar a cabo la fundación, especificara si se trataba de pueblo, ciudad o villa, para determinar el número de las autoridades. A Villaguay le correspondía ser una Villa y debía tener un Cabildo. Convocó a los habitantes para el 19 de marzo de 1783. Después de oír misa se distribuyeron los solares entre la población. Los alrededores de la plaza fueron concedidos a aquellos vecinos que se comprometían a construír casas de adobe. Rocamora había traído a Gualeguay un fabricante de adobe "que los hacía muy buenos y a precios muy acomodados".

Una vez distribuídas las tierras, Rocamora nombró las autoridades del primer Cabildo. El Alcalde fue don Vicente Navarro y los Regidores eran Domingo Ruiz, Valentín Barrios y Pedro José Duarte.

El vecindario quería adoptar por patrono a San Antonio, que había sido el santo de la primera capilla, pero al cambiarse a la nueva ubicación, el Padre Quiroga cambió el patronato a San Sebastián, en honor del obispo Malvar y Pinto cuya primera visita había originado todos los acontecimientos que terminaron con la fundación de la nueva villa. A pesar de que el sacerdote enviado por Buenos Aires contaba con la autorización del Virrey, por presión de los vecinos un año más tarde el santo patrono se volvió a cambiar por San Antonio. El poblado se llamó Villa de San Antonio de Gualeguay Grande y quedó constituída como la Capital de Entre Ríos.

Los principales vecinos fundadores de Gualeguay eran Juan M. Castares, Vicente Nararro, Valentín Barrios, José Sánchez Calderón, Pedro Pablo Ezeiza, José Arias Montiel, Pedro José Duarte, Domingo Ruiz, Juan Rosa Millán, Antono Azorín, José M. Miner y otros eforzados pioneros (6).

En sólo dos meses Tomás de Rocamora había fundado Gualeguay oficialmente y nombró las primeras autoridades para que continúen con todos los trabajos pendientes, porque hasta ese momento la nueva villa eran sólo marcas en la tierra recién desmontada. Los dueños de los terrenos asignados ya eran propietarios legales, pero tenían todo por construír. Rocamora, sin perder el tiempo, se retiró para atender otros problemas urgentes que el Virrey Vértiz le había encomendado resolver.